Como reforzar tu sistema inmunitario con productos naturales

Nuestro sistema inmunitario es una complejísima red de órganos y tejidos que se encargan de monitorizar los agentes patógenos y sustancias extrañas que entran en el organismo, para defenderlo y evitar que nos causen infecciones o enfermedades. 

Diariamente, nuestro cuerpo está expuesto a elementos potencialmente nocivos, como virus, bacterias, hongos u otros parásitos que se encuentran en el aire, en las superficies que tocamos o en los alimentos y bebidas que ingerimos. Para protegernos de ellos, el sistema inmunitario tiene una doble barrera defensiva:  en un primer nivel está la inmunidad innata, la primera línea de defensa, que frena a los patógenos antes de que se declare la infección y está formada por barreras anatómicas como la piel o las mucosas. En segundo lugar, la inmunidad adaptativa, un mecanismo de respuesta específica a cada agente infeccioso que se activa cuando ha fallado la anterior.

Estas defensas protegen nuestra salud y evitan que caigamos enfermos, pero su eficacia depende de su fortaleza, por eso es fundamental reforzar nuestro sistema inmunitario, sobre todo, a través de dos vías fundamentales: una vida saludable y una alimentación equilibrada.

¿Cómo saber si mi sistema inmunitario funciona correctamente?

El sistema inmune puede debilitarse por razones diversas, lo que provoca que nuestras defensas sean más vulnerables, y esto nos hace más propensos a caer enfermos. Aunque las causas de este debilitamiento pueden ser variadas, los expertos tienden a resaltar una serie de problemas que os pueden sonar muy comunes:    

  • La ansiedad o el estrés: Probablemente el principal enemigo del sistema inmunitario. Aunque es casi imposible una vida con total ausencia de estrés, también es verdad que una ansiedad o estrés crónico obliga al sobreesfuerzo del sistema inmunológico, lo que termina por provocar una disminución e la actividad de las células que forman parte del mismo y hace más fácil la entrada de elementos potencialmente nocivos.
  • Sedentarismo: La falta de ejercicio físico, lo mismo que un esfuerzo excesivo, dañan al sistema inmunológico. Por el contrario, un ejercicio físico moderado y, sobre todo, frecuente, estimula la actividad de las células inmunitarias.
  • Alimentación deficiente: La alimentación es otro de los pilares de nuestra salud. Si nuestro cuerpo no obtiene el aporte de nutrientes que necesita, en general se debilitará y, en particular, limitará los procesos del sistema inmune, lo que nos hará más vulnerables.
  • Exceso de azúcar: Muy relacionado con el punto anterior, un estudio de los años 70 prueba que 100 gramos de azúcar -más o menos el contenido de una bebida carbonatada y la cantidad de azúcar por unidad de muchos zumos industriales-, reduce la cantidad de vitamina C que absorben los glóbulos blancos, al confundir el azúcar con ella, pues tienen una estructura similar, lo que debilita la capacidad defensiva de los mismos.
  • Contaminación: El humo y la polución de nuestras ciudades provocan la reducción del número de células inmunitarias y anticuerpos que nos ayudan a combatir a los agentes patógenos.
  • Deshidratación: La falta de hidratación debilita las membranas mucosas que, como hemos visto anteriormente, son una de las barreras principales a la penetración de agentes potencialmente nocivos.

La alimentación ideal para un sistema inmunitario fuerte

La fortaleza del sistema inmunitario se sustenta en gran parte en una alimentación equilibrada, que aporte al organismo las proteínas, grasas, vitaminas y minerales necesarios y en su justa medida.

Vitaminas: Las vitaminas liposolubles A, C, D y E son las responsables de una gran variedad de funciones de del sistema inmunológco como regular el funcionamiento de la barrera inmunitaria anatómica. Las vitaminas A y E se encuentran sobre todo en la verdura y la fruta, mientras que la vitamina D se absorbe del sol. Las vitaminas del grupo B, principalmente B6 y B12 se encuentran principalmente en alimentos de origen animal como la carne, el pescado, la leche y los lácteos

Minerales: Principalmente hierro, cinc y selenio. El hierro es muy importante para el desarrollo y proliferación de las células inmunitarias y tiene una función esencial en el sistema. Alimentos ricos en hierro son las carnes rojas, pero también espinacas, mariscos de concha o las legumbres, principalmente soja, alubias, garbanzos y lentejas. El selenio y el cinc también son muy importantes para generar anticuerpos y se encuentran sobre todo en los pescados, mariscos, lácteos y arroz integral.

Grasas saludables: Los ácidos grasos no saturados (Omega 3) son importantes para el sistema inmune por sus propiedades antialérgicas y antiinflamatorias, lo que les otorga un papel muy importante a la hora de luchar contra las infecciones. El omega tres se encuentra sobre todo en el pescado azul (sardina, caballa, boquerón), las nueces, el aguacate, el aceite de oliva, las semillas de chia y las semillas de lino.

Aminoácidos esenciales: Los aminoácidos son el componente básico de las proteínas y, en particular, los esenciales son aquellos que el organismo no es capaz de asimilar por sí mismo y necesita absorber a través de la dieta. Los aminoácidos esenciales son responsables de regular el correcto funcionamiento del organismo, para lo cual se necesita la presencia de todos ellos, algo para lo que se necesita una dieta equilibrada.

Buenos hábitos, buena salud

Pero más allá de una alimentación equilibrada, es fundamental llevar una vida lo más saludable posible, fomentando hábitos que ayuden a fortalecer las defensas y a que nuestro organismo sea más resistente a virus, infecciones y enfermedades en general. Estas son algunas de las principales recomendaciones:

Reducir el estrés: sabemos que un exceso de estrés mina nuestro sistema inmunológico y, por lo tanto, es importante reducir estas tensiones en la medida de lo posible. Actividades como la meditación, el yoga o la práctica moderada de un deporte que nos agrade pueden ser de gran ayuda para bajar el nivel de estrés.

Ejercicio, sin pasarse: La práctica frecuente de ejercicio con moderación es uno de los pilares para fortalecer el sistema inmunológico. El ejercicio moderado ayuda a quemar toxinas y estimula la circulación de los anticuerpos, para mejorar el funcionamiento de las defensas. Aparte de eso es innegable la capacidad del ejercicio para levantar el ánimo y mejorar la calidad del sueño.

Dormir bien: El insomnio es uno de los peores enemigos del sistema inmunitario. Dormir estimula la secreción de serotonina, una sustancia que ayuda a combatir la depresión, el mal humor y, en general, el malestar emocional, un factor que debilita el sistema inmunitario.

Sol y aire libre: Un exceso de sol puede ser perjudicial para la piel, sin embargo, la luz solar hace que nuestro organismo produzca vitamina D, un elemento que juega un papel muy importante en la salud del sistema inmunitario. En este sentido, la actividad al aire libre supone una ventaja para las defensas contra las infecciones y los resfriados. Las personas que trabajan de noche o en lugares cerrados deben asegurarse que obtienen un aporte suficiente de vitamina D.

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